Yo no quiero tener un millón de amigos

Amigo: dícese de ese bicho tan raro de encontrar que cuando estás sobre los 30s comienzas a creer que se encuentran en proceso de extinción. Te puede caer bien todo el mundo, podrás agregarlos al Facebook, comentarles las fotos, los estados, invitarlos a eventos masivos, pero de ahí a dar el gran paso de que te apetezca quedar con alguno en exclusiva para un café o una cerveza y que a esta otra persona también, las probabilidades son menores. Si logras pasar ese punto, entonces comenzarás a tener un 25% de probabilidades de tener pronto a un nuevo amig@ (de los de verdad). ¿Por qué solo un 25%? Porque ese primer café o cerveza en exclusiva con el nuevo candidato a amig@ dará pie a una de estas tres posibilidades, y una de ellas con lado A y lado B:

© Pavel Losevsky / PhotoXpress
© Pavel Losevsky / PhotoXpress

Primera posibilidad: Que quedes con esa persona y jajajá, jejejé, los dos se caigan bien y entonces vuelvan a quedar para un segundo café o cerveza, esta vez con alguna tapa/snack para alargar un poco más el encuentro y poco a poco uno termine invitando al otro a unirse a su grupo de amigos cercanos para salir todos juntos y pronto hasta compartirán secretos. ¡Qué bonito!

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¿Amigos por default?

Parece que al fin mis nuevos grupos de amigos (los que mi marido gentilmente me prestó cuando llegué a Barcelona desde Lima) han dejado de insistirme en algo. No sé si porque se han dado cuenta o porque se han acostumbrado ya a mi presencia. El asunto es que han dejado de hacer algo que por nueva no me atrevía a contradecir y les seguía la corriente con una sonrisa y cara de agradecimiento:

Querer reunirme con la novia o novio de un primo o prima de un amigo o amiga con quien a veces no habían coincidido más que en un par de juergas pero que, por un motivo que consideraban importante, creían que podía interesarme para comenzar a hacer mi propio círculo social.

¿Será que es periodista?, pensaba yo mientras me lo contaban. ¿Será que es otra que dejó sus asuntos por su ciberesposo?, ¿O es que será que conocen a otro aficionado a coleccionar moneditas, a devorar pizzas picantes, maniático de la ortografía o del cine en versión original?, pensaba tratando de descubrir por qué me podría interesar conocer a esa otra persona. Pero no, la respuesta era N.A. (ninguna de las anteriores).

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