Diez años lejos de casa

Desde hace unos meses he comenzado a sentir que los años me pesan. No hablo de la edad, que también ya podrían, pero me refiero a los años que llevo como emigrante sin fecha de retorno. Es como si los últimos cuatro de mi vida fuesen todos parte de 2013.

Antes, por ejemplo, podía distinguir qué acontecimiento de mi vida correspondía con qué año con una rapidez que el buscador de Google envidiaría. Podía recordar que en 1985 tenía 7 años y habíamos emigrado a Lima, que en 1988 tenía 10 y acababa la primaria, que en 1994 tenía 16 y había comenzado la universidad. ¿Será que los grandes acontecimientos pasan al comienzo de nuestras vidas? Debe ser que no, porque lo mismo me volvió a pasar cuando comencé mi jornada como emigrante, a los 28.

En esta nueva vida, también identificaba fácilmente en mis recuerdos que cuando trabajaba para el diario en Barcelona era 2007, año en el que también estudié catalán y conocí a mis primeras buenas amigas allí, otras inmigrantes como yo. 2008, año en el que cumplí los 30, conocí a Andrea, mi amiga viajera que ahora vive en Perú, y comencé a tener mis primeros amigos barceloneses. 2009, la época en que viajé a Madrid cerca de 5 veces para visitar a mi ex, ya hacía tiempo que trabajaba en la empresa cuyo edificio de jardines colgantes había deseado visitar desde cuando lo vi la primera vez desde un Bus Turístico, y volví a trabajar en el diario.

Yo, en una de las mejores cosas de 2011: escapada con Andrea por la Toscana.

2010 tiene un lugar especial en mi recuerdo. Fue el mejor año a nivel egoístamente personal. Conocí gente extraordinaria en el mejor máster que pude haber estudiado, gente con intereses parecidos a los míos y que ahora está dispersa por el mundo intentando mejorarlo. También fue el año en que me conocí a mí misma. Tenía 32 años. Había dejado de echar tanto de menos Lima y me sentía como en casa. Al fin podía disfrutar de la bella Barcelona sin tener un billete comprado a casa y tuve mi primera y única experiencia en plan “estudiante europeo”, cuando me gané esa beca para estudiar un verano en Francia.

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La pequeña desventaja de la doble nacionalidad

A puertas de las próximas elecciones municipales en España este 24 de mayo, me he visto metida en un pequeño problema en el que no habría estado de haberme quedado solo con mi nacionalidad de origen (peruana) o de haber cumplido a tiempo con las obligaciones que me exige mi segunda nacionalidad (española).

Adquirir una segunda nacionalidad (o múltiple), además de suponerte grandes ventajas, como el poder viajar por el mundo sin tener que pedir visas, residir y trabajar, también supone adquirir doble o múltiples obligaciones: cumplir con las de cualquier ciudadano común y corriente de ambos países más otras destinadas especialmente a los que tienen doble nacionalidad o son naturalizados. El incumplimiento de alguna de estas obligaciones puede llegar a ocasionar la pérdida de la nacionalidad, como lo detalla en este caso España.

viajar con doble pasaporte
Tener doble o múltiple nacionalidad tiene ventajas pero hay que recordar que también exige el cumplimiento de obligaciones.

Esto es algo que se sabe al grosso modo desde el principio. Al margen de los casi cuatro años de trámite, el proceso de petición de nacionalidad acaba con una “ceremonia” de juramentación (proceso administrativo más bien sería la palabra en España), en donde a una le dan a leer sus obligaciones como nueva ciudadana. Sin embargo, todo esto a una se le olvida el rato que le dan su nuevo pasaporte y comienza a usarlo, cual varita mágica, para abrir las puertas de los controles migratorios sin interrogatorio de por medio (“¡ábrete, sésamo!!” 🙂 Priceless. Lo séee, estoy mezclando cuentos).

El susto me lo di hace pocos días, cuando aquí desde Perth (Australia) leía en el periódico que se castigaría hasta con cárcel a los miembros de mesa que salieran elegidos para las elecciones en España y que no cumplieran con su obligación ese día. Votar es un derecho, pero cumplir como miembro de mesa es una obligación. Yo, que leía la noticia solidarizándome mentalmente con los españoles afectados pero aún con esa tranquilidad que te da mirar las cosas desde la distancia, entré en pánico repentino cuando me di cuenta de que

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Mi nuevo nombre

Hubiera preferido mantener mi nombre en el “anonimato” pero eso es imposible si quiero explicar lo de mi nuevo nombre. No se rían, que a pesar de que todos mis amigos saben que este blog lo escribo yo, hay gente allí afuera en la estratósfera virtual que no lo sabe (y mejor para mí, que tengo una imagen que cuidar! 😛 )

Durante 28 años más o menos, mi nombre completo lució así el 100% del tiempo:

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“Inmigrante” o “Expatriado”: ¿Quién es qué?

Leía anoche un artículo en The Guardian titulado “¿Por qué los blancos son “expatriados” cuando el resto de nosotros somos “inmigrantes”? y solo me dieron ganas de también decir algo sobre este tema, porque lo he experimentado en primera persona y es cierto: no toda la gente que se va a otro país a vivir es etiquetada de la misma manera. ¿Cuál es la diferencia?

Personas que migran a otros países
No toda la gente que se va a vivir a otro país es llamada de la misma manera. Unos son considerados “inmigrantes” y otros “expatriados” / Foto: Francesca Palazzi (Flickr) CC

La diferencia es simple y, según mi experiencia, está basada en la regla del “porque yo lo valgo”, que en la práctica consiste en que si alguien tercermundista viene a mi país primermundista a buscarse la vida (o lo que sea), lo llamamos “inmigrante”; pero cuando por esas cosas de la vida soy yo, ciudadano primermundista, que me he tenido o querido marchar a otro país a buscarme la vida (o lo que sea), entonces me consideraré un “expatriado”, que suena más bonito e importante. O “expat”, que queda aún más cool.

Si no lo creen, solo miren las noticias, o googleen por separado la palabra “inmigrantes” y la palabra “expatriados” para ver imágenes de quién obtienen con cada búsqueda.

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Viajar con dos pasaportes: cuándo y cómo usarlos

Tener pasaportes de dos o más países es una ventaja que definitivamente abre muchas puertas pero que al momento de viajar puede causar estrés por no saber cuál de los pasaportes presentar en los aeropuertos, y es ahí cuando comienza el lío mental. Pero no es muy complicado.

viajar con doble pasaporte
Usar dos pasaportes durante un mismo trayecto puede ser confuso pero no es tan complicado.

La semana pasada viajé desde Perth (Australia) a Bali (Indonesia) y por primera vez usé en un mismo viaje mis dos pasaportes, el peruano y el español.

Podría haber viajado solo con el español, ya que la visa para residir en Australia la tengo con este, pero quise usar también el otro pasaporte porque Perú e Indonesia tienen acuerdos que exoneran mutuamente a sus ciudadanos del visado de turista. En este caso específico, esta exoneración se traducía en ahorrarme

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Viajar es lindo… hasta que te toca aplicar a la residencia en Australia

Ya había comentado antes (implícitamente) que venir a Australia es un poco complicado, porque para conseguir una visa las cosas pueden resultar menos o más fáciles dependiendo de tu origen y propósito. Pero lo que definitivamente me está complicando la vida ahora mismo y haciendo ver el mundo a cuadritos es el proceso de aplicación a la residencia (equivalente a la famosa Green Card estadounidense).

documentos visa

Cuando uno pasa cierta cantidad de tiempo viviendo en Australia, ya puede mirar aplicar a una tarjeta de residencia permanente. Como quiero un poco de estabilidad, lo haré. Así quizás pueda comprar al fin un segundo juego de sábanas sin pensar cosas como “¿…y si le pasa algo a mi visa y me tengo que ir de pronto?”. Sin embargo, las autoridades australianas lo han montado todo de manera tal que no se les escapa nada y quieren saber todo sobre uno, y aquí reside la razón de mi desdicha: Que ni yo sé todo sobre mí.

El formulario de aplicación a la residencia tiene cerca de 25 páginas y más de medio centenar de preguntas. Algunas fáciles de responder, solo con un ✓, pero otras no tanto, porque requieren un esfuerzo de memoria

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Emigrar a Australia: cómo hacerlo y cómo no

Australia es un país tan alejado de todo, pero tan alejado, que ni la crisis económica (casi) mundial de los últimos años le ha llegado a afectar como a Europa o a EE.UU. Podría decir que es uno de los últimos mohicanos de los países ricos. La calidad de vida de la que goza la mayor parte de su población sigue siendo alta y la riqueza está mejor repartida (en el sector minero y energético hasta el obrero más “humilde” gana una burrada. En el resto de sectores los sueldos son más normalitos, pero decentes aún). Por eso es comprensible que muchas personas que se estén planteando emigrar apunten hacia Australia.

australia señal canguro

[Sin embargo, he de decir que en el último año las cosas no van tan bien como dicen que fue hasta hace un par de años, porque la economía de este país se basa en la minería y la minería está atravesando un momento crítico a nivel mundial (los recursos naturales se acaban, claro, y si tu economía se basa en ellos, la preocupación crece)].

Pero bueno, he decidido escribir hoy este post porque he recibido varios mails de gente preguntándome sobre cómo pueden hacer para venir a Australia a trabajar. Contestar uno por uno es muy trabajoso, no soy experta en el tema y está prohibido por ley asesorar si no eres agente migratorio autorizado, así que solo daré unas pautas generales sobre cuáles serían las mejores y peores maneras de tratar de probar suerte en este país.

1.- Venir de turista y esperar a que alguien te contrate y arregle los papeles: ¡NO!

Australia es cara, muy estricta y las empresas también. Quizá a alguien que conozcas le resultó, pero ten por seguridad que ese alguien fue uno entre un millón, por lo que la “probabilidad” ya está pillada.

Como en todo sitio, las empresas prefieren las cosas fáciles, y qué mejor que contratar a alguien que ya tenga una visa de trabajo o es residente permanente. Además, no cualquier empresa puede contratar (“esponsorizar“, le llaman) extranjeros. Tiene que ser una empresa

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¡Habemus casa!

Mi casa en Perth
Esta es la que será mi casa para los próximos 12 meses

Qué rápido se pasaron los 6 meses del contrato de alquiler de mi actual casa en Perth. Ni me había terminado de acostumbrar y ya me tengo que mudar de nuevo. En mis casi 3 décadas viviendo en Perú solo había vivido en tres: dos en Campo Armiño (Huancavelica) y una en Lima, la casa de toda la vida, que fue transformándose de a pocos en lo que es hoy, una de tres plantas (ohh sí, la casa de toda la vida, snif).

Pero desde que salí de Perú he perdido el registro de en cuántas casas/pisos he vivido. Creo que unas 10, sin contar los días de arrimada

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El vía crucis de buscar una vivienda… para alquilar en Perth

Perth es una ciudad en la que hay más gente necesitando casa, que casas libres para alquilar. Por eso, muchos expatriados optan por vivir compartiendo vivienda con extraños. Sale mucho más barato -eso es obvio-, si le pasa algo a tu visa puedes levantar alitas immediately y, sobre todo, no tienes que pasar por el vía crucis de buscar casa, que es de lo que va este post.

Típica casa australiana
Una típica casa australiana: cocina americana y muchas veces el “cuarto de baño” (lavatorio + ducha) separado del “toilette” (inodoro), como en Francia / Foto: Mark Robinson, de Flickr

Cuando llegué a Perth el año pasado, entré a vivir a una casa de 6 habitaciones. Para suerte mía (de todos), esta era una diseñada especialmente para ser compartida: cada habitación tenía

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“El retorno del migrante” – Reportaje de PeriodismoHumano.com

  • Con un desempleo de más de 6 millones de personas, cada vez son más los migrantes que regresan a sus países de origen. En el caso de Bolivia, según datos del padrón español con fecha del 1 de enero de 2013, en el último año un total de 13.606 residentes bolivianos salió de España.
  • Hablamos con algunos de ellos e investigadores que destacan cómo se restablecen lazos afectivos con hijos a los que no han visto durante años, la especial incidencia que los procesos migratorios tienen sobre las mujeres, y sobre cómo muchos vuelven a migrar a países vecinos como Chile o Argentina.
Bolivianos en Sao Paulo
Emigrantes bolivianos en la Plaza Kantuta, “corazón boliviano” en Sao Paulo, de la película documental “Un día más: ¿Cuánto esperarías antes de volver?”, dirigida por Sergio Estrada, Donald Ranvaud y Leonardo de la Torre Ávila / Tomado del diario PeriodismoHumano.com

Más de 6 millones de personas sufren el desempleo en España al tiempo que cada vez son más los emigrantes que regresan a sus países de origen. En el caso de Bolivia, según datos del padrón español con fecha del 1 de enero de 2013, en el último año un total de 13.606 residentes bolivianos salió de España. Sigue leyendo este interesante reportaje de Rosa Castro en PeriodismoHumano.com.

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Y tú, ¿de qué raza eres?

Después de mucho tiempo se me ocurrió abrir uno de esos mails que te suelen mandar las empresas a las que uno “pertenece” quiera o no. Era de mi compañía de teléfonos de Estados Unidos, AT&T, que me enviaba una encuesta porque querían saber cuán satisfecha estaba con sus servicios, o algo así. Decidí llenarla porque pensé: “Quizás así puedo decirles lo horribles que fueron conmigo”.

Ya no vivo allí, por ende ya no uso su línea, pero mi móvil, un HTC Inspire 4G que todavía luce nuevo, se murió el pobre de muerte súbita al año y medio de edad. Cuando les llamé para pedirles ayuda me dijeron prácticamente que no podían hacer nada. Pero los mails siguen llegando, incluidas las facturas. Nunca contraten un smartphone a dos años vista. Se mueren antes, vienen programados para eso, lo tengo comprobado.

En fin. Volviendo al tema de la encuesta: la abrí y la comencé a llenar cuando de pronto me di con la típica pregunta que hacía tiempo no veía. La encontrarán en todo cuestionario oficial o no oficial que te hacen en los Estados Unidos cuando tienes que rellenar tus datos, y es esta: “¿De qué raza eres?“. Por supuesto que suele tener matices para no parecer descorteses, discriminatorios o, que sería peor, racistas (¡Dios los libre de que alguien piense que quisieron ser racistas! ¡Eso no!).

Tipica encuesta en Estados Unidos
Típica pregunta en (¿casi?) todas las encuestas y formularios oficiales y no oficiales de Estados Unidos.

En la imagen que capturé de la encuesta de la que hablo y que he colgado aquí pueden ver un ejemplo (traducción de lo que dice en la imagen para los que no entienden inglés: “En cuál de los siguientes grupos te clasificarías?”, y pone un listado de opciones para marcar, que van desde el negro hasta el blanco, pasando por marrones y amarillos). Como ven, saber la raza es un dato clave tanto para el gobierno como para las empresas cuando vives en un país avanzado.

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Yo no quiero tener un millón de amigos

Amigo: dícese de ese bicho tan raro de encontrar que cuando estás sobre los 30s comienzas a creer que se encuentran en proceso de extinción. Te puede caer bien todo el mundo, podrás agregarlos al Facebook, comentarles las fotos, los estados, invitarlos a eventos masivos, pero de ahí a dar el gran paso de que te apetezca quedar con alguno en exclusiva para un café o una cerveza y que a esta otra persona también, las probabilidades son menores. Si logras pasar ese punto, entonces comenzarás a tener un 25% de probabilidades de tener pronto a un nuevo amig@ (de los de verdad). ¿Por qué solo un 25%? Porque ese primer café o cerveza en exclusiva con el nuevo candidato a amig@ dará pie a una de estas tres posibilidades, y una de ellas con lado A y lado B:

© Pavel Losevsky / PhotoXpress
© Pavel Losevsky / PhotoXpress

Primera posibilidad: Que quedes con esa persona y jajajá, jejejé, los dos se caigan bien y entonces vuelvan a quedar para un segundo café o cerveza, esta vez con alguna tapa/snack para alargar un poco más el encuentro y poco a poco uno termine invitando al otro a unirse a su grupo de amigos cercanos para salir todos juntos y pronto hasta compartirán secretos. ¡Qué bonito!

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¿Amigos por default?

Parece que al fin mis nuevos grupos de amigos (los que mi marido gentilmente me prestó cuando llegué a Barcelona desde Lima) han dejado de insistirme en algo. No sé si porque se han dado cuenta o porque se han acostumbrado ya a mi presencia. El asunto es que han dejado de hacer algo que por nueva no me atrevía a contradecir y les seguía la corriente con una sonrisa y cara de agradecimiento:

Querer reunirme con la novia o novio de un primo o prima de un amigo o amiga con quien a veces no habían coincidido más que en un par de juergas pero que, por un motivo que consideraban importante, creían que podía interesarme para comenzar a hacer mi propio círculo social.

¿Será que es periodista?, pensaba yo mientras me lo contaban. ¿Será que es otra que dejó sus asuntos por su ciberesposo?, ¿O es que será que conocen a otro aficionado a coleccionar moneditas, a devorar pizzas picantes, maniático de la ortografía o del cine en versión original?, pensaba tratando de descubrir por qué me podría interesar conocer a esa otra persona. Pero no, la respuesta era N.A. (ninguna de las anteriores).

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