La pequeña desventaja de la doble nacionalidad

A puertas de las próximas elecciones municipales en España este 24 de mayo, me he visto metida en un pequeño problema en el que no habría estado de haberme quedado solo con mi nacionalidad de origen (peruana) o de haber cumplido a tiempo con las obligaciones que me exige mi segunda nacionalidad (española).

Adquirir una segunda nacionalidad (o múltiple), además de suponerte grandes ventajas, como el poder viajar por el mundo sin tener que pedir visas, residir y trabajar, también supone adquirir doble o múltiples obligaciones: cumplir con las de cualquier ciudadano común y corriente de ambos países más otras destinadas especialmente a los que tienen doble nacionalidad o son naturalizados. El incumplimiento de alguna de estas obligaciones puede llegar a ocasionar la pérdida de la nacionalidad, como lo detalla en este caso España.

viajar con doble pasaporte
Tener doble o múltiple nacionalidad tiene ventajas pero hay que recordar que también exige el cumplimiento de obligaciones.

Esto es algo que se sabe al grosso modo desde el principio. Al margen de los casi cuatro años de trámite, el proceso de petición de nacionalidad acaba con una “ceremonia” de juramentación (proceso administrativo más bien sería la palabra en España), en donde a una le dan a leer sus obligaciones como nueva ciudadana. Sin embargo, todo esto a una se le olvida el rato que le dan su nuevo pasaporte y comienza a usarlo, cual varita mágica, para abrir las puertas de los controles migratorios sin interrogatorio de por medio (“¡ábrete, sésamo!!” 🙂 Priceless. Lo séee, estoy mezclando cuentos).

El susto me lo di hace pocos días, cuando aquí desde Perth (Australia) leía en el periódico que se castigaría hasta con cárcel a los miembros de mesa que salieran elegidos para las elecciones en España y que no cumplieran con su obligación ese día. Votar es un derecho, pero cumplir como miembro de mesa es una obligación. Yo, que leía la noticia solidarizándome mentalmente con los españoles afectados pero aún con esa tranquilidad que te da mirar las cosas desde la distancia, entré en pánico repentino cuando me di cuenta de que

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Mi nuevo nombre

Hubiera preferido mantener mi nombre en el “anonimato” pero eso es imposible si quiero explicar lo de mi nuevo nombre. No se rían, que a pesar de que todos mis amigos saben que este blog lo escribo yo, hay gente allí afuera en la estratósfera virtual que no lo sabe (y mejor para mí, que tengo una imagen que cuidar! 😛 )

Durante 28 años más o menos, mi nombre completo lució así el 100% del tiempo:

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De vuelta a la modernidad

Mis dos años y medio de abstinencia tecnológica han llegado a su fin. Dos años y medio desde la última vez que tuve un smartphone entre manos, y desde la primera (y última) que cometí la estupidez de comprar uno.

El smartphone que me rompió el corazón era rojo y tenía la pantalla como la de un televisor. Me hizo confiarle todo: mis datos, los de mis amigos, mis fotos, las de mis amigos, mi música, mis conversaciones… mi día prácticamente giraba a su alrededor. Hasta había firmado un contrato de 24 meses por él, algo que me hizo pensar (ja-ja) que se quedaría conmigo por al menos varios años.

htc inspire
Este es el smartphone rojo por el que me endedudé durante 24 meses y se averió solo a los 18.

Poco a poco me acostumbró a sus detalles. Me despertaba con sutileza, me avisaba a qué hora debía ir a dormir, me tomaba selfies cuando aún no estaban tan de moda y sin necesidad de palos y, claro, me mantenía comunicada con el mundo exterior por todos los canales habidos y por haber.

También fue mi principal aliado durante todo el tiempo de que viví en EE.UU. (de hecho, lo adquirí ahí apenas llegué), y durante mis primeros meses de vuelta en España era la más valiosa de mis posesiones. Pero un mal día, el cabrón me abandonó sin notificar. Decidió que un año y medio había sido mucho tiempo y que yo me merecía a otro mejor.

– Heeyy, ¡pero si yo estoy feliz contigo!

– Lo siento. Nuestro tiempo juntos fue bello mientras duró. No soy tú, soy yo. Pero ha llegado el momento de partir. Estoy seguro de que encontrarás otro mejor. Es más, deberías buscarte otro mejor. Yo ya no puedo ofrecerte lo que necesitas.

– Entonces es verdad lo que dicen por ahí. Tú lo tenías todo planeado… la obsolescencia programada y eso… ¡todo eso es cierto!. ¡Lo sabía!

– Ehh? What are you talking about?

Escarmentada, decepcionada, desde entonces, me dediqué a la abstinencia tecnológica. Yo no quería algo mejor. Quería ese. Estaba contenta con lo que tenía. El rojizo ese se había marchado de mi vida dejándome justo cuando más enganchada a él estaba y peor, con facturas aún por pagar.

Por eso decidí que nunca más. Nunca más volví a mirar otro smartphone con ojos codiciosos. En estos últimos años me refugié en mis exes y en los exes de mis amigos (rescaté de la jubilación un HTC Tattoo y también me donaron una Blackberry desfasada).

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¡Habemus casa!

Mi casa en Perth
Esta es la que será mi casa para los próximos 12 meses

Qué rápido se pasaron los 6 meses del contrato de alquiler de mi actual casa en Perth. Ni me había terminado de acostumbrar y ya me tengo que mudar de nuevo. En mis casi 3 décadas viviendo en Perú solo había vivido en tres: dos en Campo Armiño (Huancavelica) y una en Lima, la casa de toda la vida, que fue transformándose de a pocos en lo que es hoy, una de tres plantas (ohh sí, la casa de toda la vida, snif).

Pero desde que salí de Perú he perdido el registro de en cuántas casas/pisos he vivido. Creo que unas 10, sin contar los días de arrimada

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5 cosas que odio de Perú

Antes de empezar, apelo a su sinceridad: Por mucho que le guste a uno su país, hay cosas que odiamos de él, ¿sí o no? Pues en mi caso, después de estar algunos años fuera, he pasado por momentos de nostalgia en diversas ocasiones pero hay otras en las que de solo de recordar ciertas costumbres, se me quitan las ganas ese mismo rato de querer estar en mi país. Para mí, las 5 costumbres feas que hay en Perú son estas:

1.- Cuando llegan los carnavales

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Creative Commons / Open ClipArt Library / Gerald_G

Febrero será un mes en el que NUNCA me verán por Perú. Al menos por voluntad propia. Odio los carnavales como Garfield los lunes. Es que en Perú, a diferencia de en otros lugares, los carnavales no son solo una fiesta de disfraces y que solo dura unos días sino una especie de licencia para que todos los abusones le falten el respeto a los demás, especialmente a las chicas. Desde el 1 hasta el 28 o 29 de mes. Peor en domingos.

A medida que caminas por las calles, te lanzan globos con agua de manera tal que no solo logran mojarte sino también hacerte doler.

Puedes recibir los globazos de 

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¿Amigos por default?

Parece que al fin mis nuevos grupos de amigos (los que mi marido gentilmente me prestó cuando llegué a Barcelona desde Lima) han dejado de insistirme en algo. No sé si porque se han dado cuenta o porque se han acostumbrado ya a mi presencia. El asunto es que han dejado de hacer algo que por nueva no me atrevía a contradecir y les seguía la corriente con una sonrisa y cara de agradecimiento:

Querer reunirme con la novia o novio de un primo o prima de un amigo o amiga con quien a veces no habían coincidido más que en un par de juergas pero que, por un motivo que consideraban importante, creían que podía interesarme para comenzar a hacer mi propio círculo social.

¿Será que es periodista?, pensaba yo mientras me lo contaban. ¿Será que es otra que dejó sus asuntos por su ciberesposo?, ¿O es que será que conocen a otro aficionado a coleccionar moneditas, a devorar pizzas picantes, maniático de la ortografía o del cine en versión original?, pensaba tratando de descubrir por qué me podría interesar conocer a esa otra persona. Pero no, la respuesta era N.A. (ninguna de las anteriores).

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