Mi nuevo nombre

Hubiera preferido mantener mi nombre en el “anonimato” pero eso es imposible si quiero explicar lo de mi nuevo nombre. No se rían, que a pesar de que todos mis amigos saben que este blog lo escribo yo, hay gente allí afuera en la estratósfera virtual que no lo sabe (y mejor para mí, que tengo una imagen que cuidar! 😛 )

Durante 28 años más o menos, mi nombre completo lució así el 100% del tiempo:

mi nombre completo

Dos nombres y dos apellidos, como buena latinoamericana que soy. (Por cierto, a diferencia de mis congéneres, yo sí uso mis dos nombres, y lo hago de esta manera:

uso de mis nombres

Eso sí, cuando se juntan dos personas de mis diferentes mundos, ya la hemos liado).

Pero no usé mis dos nombres desde siempre. Hasta los 7 años yo solo era Vanessa para todos los efectos. Ni siquiera era consciente de tener otro nombre. Mi vida cambió cuando mi familia y yo nos mudamos de provincias a ese gran monstruo que es la capital, Lima.

En mi nuevo colegio, la niña más espabilada de la clase, Rosemary, me preguntó que cómo me llamaba. Yo, con la timidez de “la nueva de la clase a solo dos meses de acabar el año escolar” le respondí que “Vanessa”. Me creyó hasta que vio las etiquetas de mis cuadernos, donde mi mamá acostumbraba a poner mi nombre completito.

Al verlo, esta chica me dio la noticia de que yo en realidad no era Vanessa. Que el que valía era el primer nombre, no el segundo, y cogió la libreta de control nueva que me acababan de entregar y escribió mi nombre de la manera que a ella le parecía correcta. Fue así como adquirí esta doble personalidad identidad.

Superado este trauma de mi infancia, en mi edad adulta opté por presentarme siempre como aquella niña me bautizó: con solo el primer nombre + solo el primer apellido, una costumbre bastante normal en Perú porque lo del nombre completo lo dejamos generalmente para asuntos legales u oficiales. Hasta aquí, todo bien. Pero las primeras mutaciones serias que me han inspirado a escribir este post comenzaron cuando me mudé a Barcelona, una ciudad en la que la mayoría tiene solo un nombre y dos apellidos.

De hecho, en España en general la gente tiene un solo nombre, y si alguien tiene dos es porque se trata de nombres compuestos: José María,  José Luis, María Dolores… nunca porque a los padres les dio la santísima gana de ponérselos porque sí, como pasa en Latinoamérica: Yesenia Juliana, Kelly Milagros, Francisco Percy, etc.

Por esta razón la gente en Barcelona no sabía bien cómo lidiar con mis dos nombres así que el abanico de opciones para referirse a mí en los mails, cartas, en la consulta del médico, etc., creció a:

derivados de mi nombre

Era raro pero digamos que aún seguía siendo yo……. hasta el día en que llegó la primera carta mostrando mi segundo apellido como Cháves, con “S”!! Horror. Ahí sí sentí que había perdido parte de mi identidad personal, ¡como si emigrar no fuera ya bastante durillo de por sí!

Me costó poco darme cuenta de que el error se había originado por culpa mía. Como todos sabemos, los latinoamericanos y los españoles no pronunciamos igual, así que seguramente algún español que había preguntado mi nombre escribió lo que me escuchó decir: Cháves, con sonido de S.

Para evitar futuros errores adopté una estrategia: desde ese momento cada vez que alguien preguntara mi nombre (para asuntos serios) respondería:

mi apellido largo

Tal cual, como si fuera prima de la Zeta-Jones, hala! Parece tontería, pero me ahorró varios problemas burocráticos. Sé que hubiera sido más simple intentar pronunciar como los españoles, pero me oía un poco ridícula pronunciando la Z castiza (no porque la Z castiza me suene ridícula, lo que me sonaba así era yo intentando hablar como española).

En Estados Unidos, en cambio, el tema de mi nombre me dio para otras historias. Al ser Brenda un nombre en inglés, mi apellido claramente español, y mi cara inconfundiblemente latinoamericana, algunos pensaban que yo era hija de inmigrantes latinos nacida en Estados Unidos… hasta que escuchaban mi lindo acento.

Ahora en Australia la cosa es diferente. Como aquí los australianos están menos acostumbrados a la inmigración latinoamericana (especialmente en mi ciudad), mi nombre ha sufrido más variantes que la típica pérdida del la Ñ. Aquí directamente he pasado a ser:

mi nuevo nombre

Pero esta vez me lo he tomado con tanta tranquilidad que incluso yo misma doy mi nombre pronunciándolo así, para facilitar las cosas. El problema solo viene cuando ven que tengo un segundo apellido que no saben bien qué diablos es, si nombre o apellido. En esos casos, optan por pensar que las dos palabras que hay en medio son “middle names” (segundo y tercer nombre) y usan mi segundo apellido como el principal.

Así que aquí estoy, acostumbrándome a mi nueva identidad y ya girando la cabeza cada vez que alguien me llama por este apellido que me suena a griego: Kasteynida.

Aunque a veces ni esto funcione. Miren lo que me acaba de llegar:

image
Un sobre que me acaba de enviar la administración pública

 

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5 comentarios en “Mi nuevo nombre

  1. ¡Hola! No sé cómo llamarte pero en cualquier caso tengo que decirte que me ha encantado esta historia!!! Es la primera que leo al llegar a tu blog y ya me has enganchado, así que estaré pendiente. ¡Un abrazo!

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    1. ¡Hola María!!

      Pues muchas gracias 🙂 Yo también me acabo de pasar por tu blog y me ha gustado tu historia del tren. Es el tipo de blogs que me gusta leer así que me haré tu seguidora 😉
      Una de mis top 3 mejores amigas es austriaca, de Linz, pero justo ahora está casi por mi tierra. Cómo está la gente de re-repartida por el mundo, ¿no?
      Que te vaya muy bien por los Alpes.
      Un abrazo caluroso desde el down under.

      Brekas

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      1. Desde que ya no estoy en España siempre digo lo mismo: el mundo es más pequeño de lo que creemos!!! ¡Menuda coincidencia! jajaja Será un placer que te pases por aquí de vez en cuando. ¡Mil gracias!

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  2. Hola Brenda o Vanessa, jeje. Fijate que es mi primera vez trabajando como expat y me está pasando lo mismo y es muy chistoso, la verdad que me gustó esta entrada de tu blog, gracias y Saludos hasta donde estés. 🙂

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