De vuelta a la modernidad

Mis dos años y medio de abstinencia tecnológica han llegado a su fin. Dos años y medio desde la última vez que tuve un smartphone entre manos, y desde la primera (y última) que cometí la estupidez de comprar uno.

El smartphone que me rompió el corazón era rojo y tenía la pantalla como la de un televisor. Me hizo confiarle todo: mis datos, los de mis amigos, mis fotos, las de mis amigos, mi música, mis conversaciones… mi día prácticamente giraba a su alrededor. Hasta había firmado un contrato de 24 meses por él, algo que me hizo pensar (ja-ja) que se quedaría conmigo por al menos varios años.

htc inspire
Este es el smartphone rojo por el que me endedudé durante 24 meses y se averió solo a los 18.

Poco a poco me acostumbró a sus detalles. Me despertaba con sutileza, me avisaba a qué hora debía ir a dormir, me tomaba selfies cuando aún no estaban tan de moda y sin necesidad de palos y, claro, me mantenía comunicada con el mundo exterior por todos los canales habidos y por haber.

También fue mi principal aliado durante todo el tiempo de que viví en EE.UU. (de hecho, lo adquirí ahí apenas llegué), y durante mis primeros meses de vuelta en España era la más valiosa de mis posesiones. Pero un mal día, el cabrón me abandonó sin notificar. Decidió que un año y medio había sido mucho tiempo y que yo me merecía a otro mejor.

– Heeyy, ¡pero si yo estoy feliz contigo!

– Lo siento. Nuestro tiempo juntos fue bello mientras duró. No soy tú, soy yo. Pero ha llegado el momento de partir. Estoy seguro de que encontrarás otro mejor. Es más, deberías buscarte otro mejor. Yo ya no puedo ofrecerte lo que necesitas.

– Entonces es verdad lo que dicen por ahí. Tú lo tenías todo planeado… la obsolescencia programada y eso… ¡todo eso es cierto!. ¡Lo sabía!

– Ehh? What are you talking about?

Escarmentada, decepcionada, desde entonces, me dediqué a la abstinencia tecnológica. Yo no quería algo mejor. Quería ese. Estaba contenta con lo que tenía. El rojizo ese se había marchado de mi vida dejándome justo cuando más enganchada a él estaba y peor, con facturas aún por pagar.

Por eso decidí que nunca más. Nunca más volví a mirar otro smartphone con ojos codiciosos. En estos últimos años me refugié en mis exes y en los exes de mis amigos (rescaté de la jubilación un HTC Tattoo y también me donaron una Blackberry desfasada).

htc tattoo
El segundo comenzando de arriba era mi Tattoo, el primer móvil de mi época de abstinencia tecnológica. La pantalla táctil era semiplástica y no tan táctil ya.

Me costó mucho al principio, lo confieso, porque no es fácil ver a todos a tu alrededor deslizando alegremente sus deditos sobre pantallitas lustrosas mientras tú ahí eres la única peleándose con un miniteclado de teclas de verdad pero que no escribe la L ni la Ñ ni el 0.

El lado bueno de la abstinencia tecnológica

Sin embargo, hasta esos tienen su final, y luego de estos dos años y medio prestándome servicios extra, también se apagaron, no sin antes hacerme reflexionar sobre los beneficios que obtuve de este periodo de abstinencia tecnológica, como por ejemplo:

1.- Comprobé que uno no se muere por no tener un supermóvil. No pasa nada en esperar llegar a la casa o a la oficina para estar conectada.

2.- Pude aprovechar mejor el tiempo muerto mientras iba en el tren/bus. Podía observar a la gente, leer, escuchar música o soñar despierta.

3.- Me di cuenta de que lo que más echaba de menos del smartphone era solo la cámara.

4.- Me ahorré un dineral. De hecho, con lo que me he ahorrado en facturas mensuales, he podido viajar a Roma (desde Barcelona) y a Bali (desde Perth), vacaciones cuyas fotos postée en Facebook con solo unos días de retraso desde mi computadora.

5.- Aprendí nuevos temas de conversación (I). Por ejemplo, la obsolescencia programada. Ahora sé que no es ciencia ficción sino una realidad (hoy en día los aparatos electrónicos, autos, etc., vienen con fecha de expiración programada en fábrica para fomentar nuestro consumo, y ahí los tontos caemos, pero yo no más).

6.- Aprendí nuevos temas de conversación (II). Por ejemplo, enterarme más sobre la guerra del coltán y estar consciente de que cada que adquirimos un nuevo dispositivo electrónico, contribuimos con la desgracia ajena y la del planeta (o sea la nuestra).

7.- Decidí, debido al punto anterior, que solo adquiriría un nuevo móvil cuando el de turno se muriera de muerte natural, nunca para estar a la moda.

8.- Comprobé que hoy en día queda más cool tener un móvil desfasado que uno de moda.

9.- Sentirme mentalmente superior y mirar con pena lastimera a cualquiera que presuma de estar a la expectativa de la salida al mercado de un nuevo cacharro electrónico (lo siento, no lo puedo evitar, pero qué triste tu vida).

10.- Reforcé mi desprecio por Apple.

Mi periodo de abstinencia tecnológica llegó a su cumbre poco antes de Semana Santa, cuando, como ya adelanté, mi último móvil se descargó para no volver a encender jamás. Estuve dos semanas del todo sin móvil y no me sentí perdida ni lo echaba de menos. Había aprendido a ser independiente y feliz conmigo misma.

Sin apuro por buscar sustituto, disfrutaba mis días de soltería a tope. El próximo llegará cuando tenga que llegar, pensaba tranquilamente, pero este estado me duró poco. A la que mi jefe se enteró de que estaba sin móvil, me plantó su ex smartphone del 2013 sobre el escritorio.

Al menos se parece mucho al rojo que me abandonó 😛

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3 comentarios en “De vuelta a la modernidad

    1. Es muy cómodo tener todo en uno, es verdad, nadie lo niega, pero muy arriesgado!!! Le pasa algo y te quedas sin soga y sin cabra! Tú eres de las que ha tenido suerte entonces, que tengas tu móvil funcionando. Normalmente o se apagan o te comienzan a limitar a versiones viejas de apps y sistemas operativos y eso es horrible!

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