Necesidad de tener buenas noticias

Una vez más compruebo de primera mano cuánto la gente aprecia y está sedienta de buenas noticias. Una noticia que hable de algo positivo se riega como pólvora por sí sola (se hace viral, buzz, como dirían en marketing). Esto es algo que casi todos los que trabajamos en comunicación o periodismo lo sabemos… en teoría. En la práctica, por alguna razón, las noticias que acaparan portadas (impresas o digitales) y llenan la hora del telediario siguen siendo las que hablan de matanzas, robos, violaciones, agresiones, etc., sin profundizar más allá que el solo recuento de los hechos (o sea, contenido basura).

Ayer en Perth (Australia) pasó algo feo con final feliz. Temprano por la mañana, en plena hora punta, al querer subir al tren, un hombre pisó en falso y su pierna izquierda se fue abajo, viéndose atrapada entre la plataforma del tren y la del andén. No la podía sacar porque, imagino, como fue de los últimos en subir, el peso del tren hizo que este cediera y el vacío se ajustara. La gente inmediatamente intentó ayudarlo moviéndose todos al lado opuesto del tren pero como no funcionó, todos bajaron rápidamente del vagón, se organizaron en cuestión de segundos y a la cuenta de 3, empujaron el vehículo a un lado.

Dicen que lo llegaron a mover de 5 a 10 cm, lo suficiente para que el hombre pudiera sacar la pierna de ese agujero. ¿Cuánto tardaron en total hasta que el tránsito se reanudara con normalidad? 15 minutos.  El hombre se fue sano y salvo y todos los demás seguro con historia interesante que contar.

Este suceso apareció en las noticias locales, como era de esperarse, y a las pocas horas ya había rebotado a otros países, incluyendo los hispanohablantes. Y aquí viene mi observación: la noticia fue, como noticia, recibida con agrado, clicada, leída, releída, comentada, compartida, retuiteada, etc., seguramente como todas las buenas noticias/contenidos que escasamente se publican. Es decir, fue un éxito.

Sobre el hecho de ver a la gente uniéndose sin dudar para trabajar todos por un bien común, también fue bastante felicitado y admirado, y en Latinoamérica, según pude ver en los comentarios de diferentes países (El Universal de México, El Comercio de Perú, El Nacional de Venezuela, etc.), algunas personas reflexionaban sobre cómo se hubiera reaccionado allí ante una situación así: mal. Muchos echaban de menos este falta de unión y solidaridad en sus países (Una, por ejemplo, dice: “Si esto pasara en Xxxxx, seguro nos robarían la billetera mientras estamos empujando”. Triste que sea así).

Este tipo de actitud es algo que a los latinoamericanos nos falta por aprender de gente como, en este caso, los australianos (por cosas como esta entiendo por qué están como están): a trabajar en equipo. Si todos actuáramos pensando no solo en el beneficio propio sino en el beneficio común, nuestros países cambiarían a mejor en 0,5 segundos. Estoy segura que como mínimo acabaríamos con la mitad de la paranoia, la desconfianza, la inseguridad y hasta con la pobreza y el tráfico. No exagero.

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