Yo me casé por papeles

Ahora que en Lima se está por celebrar hoy la marcha en favor de la ley de la unión civil entre personas del mismo sexo en Perú, convocada por el colectivo Unión Civil Ya, he estado pensando mucho en lo injustas que pueden ser las mayorías con las minorías. Lo han sido (o son) los hombres con las mujeres, los blancos con los negros, los nazis con los judíos, los judíos con los palestinos, los cristianos con los musulmanes, los católicos con los herejes… el ser (in)humano ha buscado siempre a quién tener debajo de sus pies. Hoy lo estamos volviendo a hacer, esta vez los “heteros” con los homosexuales.

Unión Civil entre personas del mismo sexo
Lucha por el derecho a la Union Civil entre personas del mismo sexo / Flickr de Movilh Chile

Lo que reclaman hoy en día las personas homosexuales en Perú es algo que seguramente dentro de 50 años lo veremos como “increíble que esto haya sido así”, y hasta nos escandalicemos.

Reclaman poder unirse por lo civil para básicamente poder estar protegidos, obtener seguridad económica por parte de sus parejas, decidir en asuntos relacionados a la salud del otro, entre otros beneficios que no perjudicarán a ningún tercero en lo absoluto. Es decir, solo piden se apruebe una ley que les dé respeto y reivindique su derecho a poder gozar de sus derechos.

No se puede vivir del amor

Ya que el amor entre dos personas no es suficiente para que a una pareja se le garantice sus derechos, no queda otra que recurrir a la ley, para que se cumpla o para que se haga. Y así como ellos, lo de tener que recurrir al papel para poder vivir una vida normal con mi pareja me pasó a mí, que soy del grupo de la mayoría (“hetero” y católica. Bueno, esto último en teoría).

Yo me conocí hace muchos años con el que en aquel entonces era el-amor-de-mi-vida. El problema era que el-amor-de-mi-vida no vivía en mi lado del planeta sino en el otro. Duramos tres años viéndonos por el entonces Messenger y cara a cara solo un par de veces al año. Unas veces él, que vive en Barcelona, iba a Lima, donde yo vivía; y otras iba yo para Barcelona. Pero ese ritmo no hay presupuesto ni vacaciones que lo aguanten. Así que pensamos que algo teníamos que hacer para poder estar juntos de una vez por todas, como una pareja normal.

Ninguno de los dos jamás había fantaseado con casarse. Ni de chicos ni de adultos. Es más, personalmente, a mí el tema de las bodas siempre me pareció una banalidad. Las tengo a la misma altura de importancia que los quinceañeros. No me emocionan y las novias me parece que se ven todas iguales. Pero si a mi amigo o amiga le hace ilusión, pues yo no soy quién para arruinarle la alegría.

¿Lima o Barcelona?

Para comenzar, había que establecer el lugar de residencia como pareja: Lima o Barcelona. Por temas económicos, elegimos Barcelona (era más fácil que yo cubriera mi hipoteca de Lima trabajando en Barcelona a que él cubriera la suya trabajando en Lima). Entonces comenzamos a ver de qué manera yo podía ir a vivir allá con él. Todos los caminos nos llevaban a lo mismo: pasar por el registro civil.

No nos hacía mucha ilusión “tener que” hacerlo pero tuvimos que hacerlo por los papeles. Yo me casé por papeles. Ambos nos casamos por eso, aunque nos lo tomamos de la mejor manera. Qué remedio. Que el amor entre nosotros era verdadero, eso es cierto, aunque si hubiéramos podido elegir, hubiéramos elegido ser felices sin firmar ningún papel.

Visa Schengen
Este es solo un ejemplo de cómo es una visa Schengen, la que te dan para entrar a Europa / Flickr Marco Bono

Pero es verdad que el papel te facilita la vida. A nosotros nos ahorró mucho trámite. Me dieron la visa de reagrupación familiar a la semana de haberme casado y una vez en España a los tres meses ya tenía el permiso de residencia y trabajo.

El papel es importante y puede cambiar vidas. No todos lo hacen por vivir la fantasía de vestir de princesa Disney por un día. Hay razones más serias para hacerlo. Nadie tendría por qué impedir que el otro viva una vida feliz junto a la persona que quiere. Oponerse a eso más bien tendría que ser pecado.

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5 comentarios en “Yo me casé por papeles

  1. Realmente creo que toda persona tiene derecho a que se le respete, sin importar quién es ni de donde es y mucho menos de qué sexo es. Mas al contrario si la ley permite la unión civil ya nadie tendrá que ocultarse ni tratar de guardar las apariencias por temor a un futuro incierto.

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  2. no confundas, madrexilio está en hungría y mamá en bulgaria… en bulgaria! jiji

    todo lo que dices es cierto, yo lo único que agregaría es que, si hubiera sabido todo lo que conlleva una boda… me volvería a casar 😀

    te mandé saludos de cumpleaños tuiteros, pero no abres nada! voto que cambies eso de “diario” por “anuario” o así 😛

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    1. OMG. Megafail! Recibí al mismo tiempo dos notificaciones desde diferentes apps y pensé que eran la misma persona, que uno era su nombre de blog y el otro su nick o algo así!!!! No se ve pero me estoy autoflagelando ahora mismo :S Bueno, ahora estoy en el iPod, ya mañana que abra el ordenador me pongo a arreglar el error.
      Por otra parte, yo, al contrario de ti, no lo volvería a hacer. Organizar una boda es lo menos romántico por lo que pasé. Qué estrés, por dios, teniendo que hacerlo todo una misma, buuuffff. Paso.
      Le cambiaría el nombre al blog pero creo que ya está pillado, jaja. Como le decía a Mamá en Bulgaria (y la confundí con Madrexilio), ya estoy todo el día con esto de internet que ya en casa me dan poquitas ganas de abrir la compu!). Necesito cambiar de curro, jajajaja. Besosss, gracias por los saludos!!!

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    1. Hola Madrexilio! Qué gusto tenerte por aquí. Oh, sí, Remorada es mi amiga de cuando vivía en Barcelona. Acabo de leer un post tuyo sobre gitanos y me ha encantado. Yo no posteo mucho porque ya trabajo en esto y a veces no me dan ganas de abrir el ordenador en casa, pero bueno, ahí estamos. Pero siempre observando y disfrutando de la maravilla que es poder tener la oportunidad de vivir en un lugar diferente al de origen. Sigamos en contacto. Un abrazo desde el Down Under. (Hungría debe ser fantástica también!).

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