¡Se me acaba el paro!, ¿ahora qué?

Cuando en octubre del año pasado en la oficina del Inem (donde te inscribes para poder cobrar la prestación por desempleo que da el Estado, a lo que los españoles llaman “cobrar el paro“) me dijeron me tocarían ocho meses de ayuda, me sentí la persona más afortunada del mundo. Afortunada en el sentido literal de la palabra: Sentía que la fortuna a la que muchos españoles esperan pellizcar en Navidad a través de la lotería, a mí ya me estaba tocando, y sin necesidad de comprar ningún cupón. Fui feliz.

Mientras la funcionaria que me atendía continuaba tecleando números para corroborar que no se equivocaba al haberme dicho que mi paro iba a ser de más de mil euros al mes, yo ya mentalmente había multiplicado esos mil y tantos por ocho y los había dividido entre los “gastos varios” impostergables que debía hacer. Incluso me dio tiempo a pensar que no me merecía tanta ayuda porque eso de que el Estado pague a alguien que no trabaja una suma casi igual a la que recibe la mayoría de la gente que sí lo hace, me pareció injusto (nota mental: aquí algo falla).

Avisos de trabajo antes de la crisis
Antes de la crisis, en España era normal encontrar avisos así incluso en las vitrinas de las tiendas. (Foto de Dipfan / Flickr).

Camino a casa, continué haciendo cuentas. Es una virtud poco explotada la mía, la de sacar cuentas mentalmente rápido y casi siempre sin equivocarme. Supongo que esa facilidad para razonar matemáticamente debería haberme indicado que debería haberme dedicado mejor a los números. Si así hubiera sido, tal vez hoy no tuviera que contar la historia de estar en el paro :). (Es broma. Por suerte, en mi caso la experiencia de “estar en el paro” se debió a unos planes de mudanza a los Madriles que nunca se llegaron a concretar).

Al atravesar el Parque de los Perros que separa la oficina del Inem de mi piso (el Parque de los Perros es el nombre que le hemos dado en casa a ese terral que los vecinos usan como centro de recreación-lavabo de sus mascotas), decidí que debía aprovechar al  máximo esa pequeña fortuna que iba a tener en mis manos. Decidí entonces que sí, lo mejor era quitarme de encima esas cosas pendientes. Era ahora o nunca. Hablar ahora o callar para siempre. Total, era la primera vez que iba a tener tiempo y dinero. Toda la vida me la había pasado quejándome de tener tiempo y no tener dinero o de tener dinero y no tener tiempo. Por una vez en mi vida iba a poder VIVIR.

No, no vale la pena buscar trabajo
Empecé pensando en el carnet de conducir. Llevaba apuntada en la autoescuela desde el 2007 y se me estaba por caducar el examen teórico. Lo segundo fue pensar en que tenía que estudiar algo. Había que ser realistas: buscar trabajo no podía ser la prioridad. No porque no fuera necesario sino porque viendo cómo está la situación actualmente, buscar trabajo es el trabajo más infructuoso que hay. Había que dedicar el tiempo y el dinero en algo seguro. Pensé en que debía llegar a casa cuanto antes y buscar pronto algún máster interesante, útil, que me aceptara a esas alturas del calendario y al alcance de mi bolsillo. Eso hice.

Llegué a casa, tiré sobre el escritorio la carpeta con los documentos del Inem y comencé a buscar cuanto antes cursos en las webs de las universidades. Encontré un par que me interesaban. Llamé a preguntar si todavía había plazas y me apunté a un posgrado de la UAB. Las clases serían los martes y los jueves por las tardes. Aún me quedaban días libres y tenía que llenarlos con algo. Pensé en que un idioma me vendría bien. Pensé en el francés. Busqué institutos de idiomas pero por esas fechas ya no me aceptaban. Me propuse llamar a uno más y si no encontraba nada, comenzaría con los cursos de alemán. Di con la Alianza Francesa y allí el curso estaba recién por empezar. No lo pensé ni dos segundos y ya les estaba dando mi número de cuenta para el cargo del trimestre. En realidad sí lo pensé más de dos segundos. Me frenó el asunto de que el instituto quedaba en Granollers, un pueblo cercano a Mataró, donde vivo, pero sin buena conexión de transporte público. Pero se me ocurrió que ya que había decidido dedicarle las mañanas a las prácticas de conducir y que, por ende, dentro de poco iba a tener el carnet, entonces, esto sería además un buen pretexto para presionarme con el tema “carnet de conducir”.

Las cosas siguieron su cauce y a estas alturas me logré sacar el carnet, estoy por acabar el segundo posgrado la próxima semana y dentro de un mes, el primer año de francés, sin contar los cursos y cursillos varios gratuitos y pagados que hice. Es decir, en estos ocho meses mi currículum se ha enriquecido casi en la misma proporción en la que mi cuenta bancaria se ha empobrecido. Pero siento que no me equivoqué en lo absoluto en elegir esta opción a la de patear latas buscando trabajo. En todos estos meses, mi teléfono solo ha sonado gracias a algunos de los pocos amigos que tengo en Barcelona y a una (¡1!) empresa que me citó para una entrevista (lo de las entrevistas lo pondré en otro post, que allí tambien hay tema). ¿Se imaginan qué hubiera pasado si me hubiera obstinado con solo buscar trabajo? Porque he de decir que nunca dejé de hacerlo, por si acaso.

Ahora que veo venir el fin de mi periodo de gracia y que dentro de nada estaré de regreso a la realidad, comienzo a replantearme cosas, entre las cuales está la posibilidad de ir a otra parte, en donde la peor cara de la crisis haya pasado o todavía no haya llegado. Esa es una opción a la que nadie le debería temer. A mí no me cuesta planteármelo, en lo absoluto. Más bien me agrada la idea.

De momento, solo estoy en el periodo de pensar. Seguramente que cuando llegue el 10 de junio y vea que ese ingreso es el último que me hacen los del INEM, me espantaré y pasaré del pensamiento a la acción. Algo se me ocurrirá, seguro que sí, como a todo el mundo. “La necesidad hace funcionar la cabeza” 😛 .

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2 comentarios en “¡Se me acaba el paro!, ¿ahora qué?

  1. Muy de acuerdo contigo en lo de tener mucha facilidad para los cálculos matemáticos y muy crítica en cuanto a modelos y diseños; eh ahí la razón por la que tu padrecito te sugería con mucho empeño que debías estudiar arquitectura y de paso podrían tener la oportunidad de trabajar juntos, lo recuerdas?

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